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ESPACIOS CONFINADOS, EL MONÓXIDO DE CARBONO Y LOS CANARIOS

Se define espacio confinado como “cualquier espacio total o parcialmente cerrado, con aberturas limitadas de entrada y salida, y ventilación natural desfavorable, en el que pueden acumularse contaminantes tóxicos o inflamables, o tener una atmósfera deficiente en oxígeno, y que no está concebido para una ocupación continuada por parte del trabajador”.

Aunque no están diseñados para que el trabajador desempeñe en ellos una actividad cotidiana, siempre será necesario, aunque sea de forma puntual, efectuar ciertos trabajos como los de mantenimiento, limpieza, …

Según esta definición, se pueden considerar entre otros como espacios confinados los pozos, túneles, depósitos, tanque de almacenamiento, alcantarillas, bodegas de barcos, etc.

Riesgos en los Trabajos en Espacios Confinados

Los trabajos en este tipo de recintos conllevan múltiples riesgos, normalmente las consecuencias de los accidentes que se producen son graves e incluso mortales y muchas veces son propiciados por la falta de formación y capacitación de los trabajadores a los que se les encargan estas tareas.

Además de los riesgos generales que nos encontramos al realizar cualquier actividad, como caídas en altura, caídas al mismo nivel, golpes, sobreesfuerzos, … existen una serie de riesgos específicos, relacionados con las condiciones particulares y excepcionales de estos espacios.

Dentro de estos riesgos específicos y como nos señala la propia definición, tenemos atmósferas deficientes en oxígeno o sobre oxigenadas y la presencia de contaminantes tóxicos o inflamables.

El riesgo de intoxicación viene determinado por la presencia en el ambiente de ciertos contaminantes tóxicos, cuya concentración sobrepasa unos valores y a partir de éstos comienza a ser peligrosa su exposición. Para ello se tiene en cuenta unos valores límites ambientales (VLA), considerándose dos categorías:

  • Valor límite ambiental – exposición diaria (VLA-ED): es el valor que representa unas condiciones a las cuales se cree, basándose en los conocimientos actuales, que la mayoría de los trabajadores pueden estar expuestos 8 horas diarias y 40 horas semanales durante toda su vida laboral, sin sufrir efectos adversos para su salud.
  • Valor límite ambiental – exposición corta (VLA-ED): es el valor de referencia que no debe ser superado por ningún trabajador durante un periodo de 15 minutos a lo largo de la jornada laboral.

Todo esto hace que a la hora de trabajar en estos espacios confinados sea necesario un buen estudio previo a la entrada en los mismos, para conocer la posible presencia de estas sustancias químicas tóxicas, que nos podemos encontrar en el interior y tomar las medidas adecuadas.

En algunos casos estos tóxicos se podrán identificar fácilmente debido a su olor, pero en otros no podrán ser detectados a través del olfato, por lo que no será posible conocer su existencia si no tenemos un equipo adecuado y aquí es donde entran los medidores de gases tóxicos, es más, aunque detectemos olfativamente la presencia de estos agentes, no será posible determinar su concentración y por tanto si estamos sobrepasando los valores límites anteriormente mencionados.

Contaminantes tóxicos y medidores ambientales

Necesitamos por tanto realizar unas mediciones ambientales para asegurar unas condiciones de trabajo adecuadas. Estas mediciones se deben hacer con los instrumentos adecuados y realizadas por operarios que sepan utilizarlos e interpretar sus datos. La mejor manera de garantizar la seguridad de estos trabajos se consigue midiendo la atmósfera interior que nos vamos a encontrar y así se puede asegurar que los trabajadores van a realizar sus tareas sin estar expuestos a este tipo de riesgos. Estas mediciones se deberán efectuar previamente a la entrada en el recinto y de una manera continuada mientras los trabajadores se encuentren en su interior.

Dentro de los contaminantes tóxicos se encuentra el monóxido de carbono (CO), el asesino silencioso, que es un gas incoloro, inodoro e insípido. La toxicidad del monóxido de carbono es debida a que los glóbulos rojos de la sangre, cuya función es transportar el oxígeno a los distintos tejidos, absorben este gas antes que el oxígeno.

La intoxicación se produce cuando al organismo no le llega suficiente oxígeno. El cuerpo sufre una pérdida de energía y una paralización de las reacciones mentales y físicas Pudiéndose producir la muerte en pocos minutos. La exposición prolongada, aunque sean emisiones bajas de monóxido de carbono puede desencadenar daño cerebral permanente.

Una de las actividades que a lo largo de los años ha estado más expuesta a este agente y que se ha cobrado más vidas ha sido la minería, la causa más frecuente de estas intoxicaciones era la presencia de altas concentraciones de monóxido de carbono (CO).

Ya hemos dicho que el CO es un asesino silencioso, nada advierte su presencia y las consecuencias son gravísimas, pues suponía la muerte de los mineros y no solo de ellos sino de cualquier equipo de rescate que descendiera a las galerías.

Dentro de los actuales equipos de medición, se encuentran los tubos colorimétricos de rango corto, que nacen a primeros del siglo XX para medir el CO y consisten en unos tubos de cristal que contienen un reactivo en su interior, que cambia de color en contacto con el monóxido de carbono y según la cantidad de gas presente, se teñirá más o menos cantidad del reactivo, dando una medida en la escala grabada en el exterior del tubo.

¿Qué se hacía antes de la aparición de estos aparatos?

El médico escocés John Scott Haldane, ideó la estrategia de utilizar pequeños animales, concretamente unos pájaros, los canarios, para que sirvieran como alarma en el caso de que la concentración de CO se incrementase peligrosamente.

Haldane observó que los canarios respondían más rápidamente que los humanos a la presencia de este gas, por lo que en el momento en que se veían afectados, era un indicador que avisaba a los mineros de la presencia del CO y les permitía abandonar las galerías peligrosas.

Por ello, esta práctica de llevar canarios a las minas de carbón se extendió a Gran Bretaña, Estados Unidos y Canadá desde 1911 hasta 1986 cuando empezaron a ser sustituidos por monitores electrónicos.

Como curiosidad mencionar que esta “solución” conllevaba la muerte del pájaro y de aquí nació el resucitador de canarios, una caja de metal y vidrio con un tanque de oxígeno en la parte superior, que tenía una puerta circular que se dejaba abierta al entrar en la mina, con una reja para que el pájaro no escapara. Si el minero que la llevaba veía que el canario empezaba a envenenarse, cerraba la puerta y se inyectaba oxígeno desde el tanque para revivirlo.

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